EL ALCOHOLISMO ¿VICIO O ENFERMEDAD?
Por: Roger Rivero
A más de treinta mil pies de altura, en un vuelo entre Portland y Reno, Nevada, la novia de Ricardo Verdeguéz intentaba una vez más llamar su atención sobre la adicción que lo consumía. Con discreción comento a su oído:
“Sabes hay una oración que le recomiendan a las personas que no pueden controlar la adicción. Es sencilla…puedes intentar memorizarla: “Dame serenidad Señor, para aceptar las cosas que yo no puedo cambiar, serenidad para…”
Ricardo la interrumpió con un gesto, acompañado del sarcasmo típico de su temperamento cubano: ¡Lo que me faltaba,…gringa y loca!
Esa fue una de las últimas veces que compartió con su novia e hija, fruto del amor de ambos. Hoy, a pesar de todos sus intentos no ha logrado tener ni la más mínima pista sobre el paradero de ambas.
Arturo C. (no usamos el apellido para proteger su identidad y la de otros entrevistados) es un padre de familia común que vive en Hillsboro junto a su esposa y cuatro hijos. A él no le gusta visitar Forest Grove. Hay muchos pasajes de su vida que transcurrieron allí, ligados todos al uso excesivo del alcohol. Recuerda que una mañana en la sala del Hospital Tualatin a donde lo habían llevado de emergencia la noche anterior, el doctor que lo atendía le hizo una escalofriante revelación: “Sabes muchacho, creo que te salvaste por lo cerca que estabas del hospital. Podías haber muerto de una intoxicación en la sangre. Ten cuidado pues cualquier día no vives para hacer el cuento”.
Con solo treinta años, Juan D. tiene historias para llenar un libro, y todas relacionadas a la adicción al alcohol y las drogas. Desde los catorce años comenzó a tomar en su natal Tacámbaro, Michoacán y la vida le regaló mil tumbos y malas experiencias de las que poco aprendió. Cuando su madre le alertaba sobre la inminente adicción, no le respondía por respeto, pero siempre alcanzaba a balbucear: “¿Y que esperabas que fuera? ¿Un profesional?”
Viviendo en Estados Unidos intentó buscar ayuda para tratar su adicción, pero las dudas y temores pudieron más que su convicción.
Hay muchos elementos que relacionan a nuestros entrevistados. Todos son hombres y jóvenes. Pusieron sus vidas y las de otros en peligro por sus acciones irresponsables bajo la influencia. Siempre encontraron en el camino personas que les quisieron ayudar, pero ellos no entendieron a tiempo sus intenciones. Todos son inmigrantes. Comenzaron tratamientos para la adicción sin estar convencidos de su necesidad, y lo más importante, todos están arrepentidos de sus acciones.
También Ricardo, Arturo y Juan mantienen la adicción bajo control, pero hay una virtud común de la que quizás ellos mismos no tengan plena conciencia. Todos son muy valientes. Todos tuvieron el coraje de reconocer en algún momento que eran prisioneros del alcohol o las drogas. Secuestrados por el vicio, poco podían hacer por su futuro, pero como grandes, se crecieron y pusieron atrás un pasado adverso y funesto. Este reportaje de Mi Gente es para los valientes como ellos, pero también para miles de jóvenes hispanos que en nuestra comunidad hoy beben y consumen drogas en exceso, sin saber o querer reconocer que rebasaron la categoría de “bebedores sociales” y entraron en las “grandes ligas” de la adicción.
“La adicción al alcohol o las drogas es una enfermedad, sin embargo es muy difícil hacérselo entender a los que la padecen. Si nos diagnostican con diabetes, faringitis o hipertensión poco dudaríamos en el diagnóstico, pero si alguien nos dice: “eres alcohólico” las reacciones adversas y de desentendimiento no se hacen esperar”. Quien así habla es Aglahia Blanco, consejera de Family Latino Outreach and Addictions Treatment (FLOAT) una organización con sede en Portland, que se dedica a tratar personas con adicciones. A ella recurrimos con la intención de entender más este problema, y saber que recursos están disponibles para ayudar a los que necesiten tratamiento.
“FLOAT nació en el 2004 producto de la preocupación del gobierno local ante la falta de recursos para tratamiento dentro de la comunidad Hispana”, nos comenta Aglahia. “El programa provee tratamiento de rehabilitación, salud mental y ayuda con vivienda para personas que hayan perdido o estén a punto de perder en donde vivir debido a la adicción”.
“Los inicios fueron realmente difíciles. Si sumamos la resistencia al tratamiento propio de los adictos al alcohol o drogas, los estigmas que traen de nuestros países donde los tratamientos muchas veces van acompañados de vejaciones y maltratos, podrás imaginar lo difícil que resultó encontrar personas dispuestas a integrarse al programa. Afortunadamente, ahora los graduados recomiendan el programa a sus amigos o conocidos y servimos a muchas personas necesitadas”.
En nuestras entrevistas hemos encontrado personas con predisposición por haber crecido en hogares violentos con miembros de la familia alcohólicos, pero en otros casos no. ¿Qué factores determinan que una persona termine teniendo dependencia al alcohol o las drogas?
“Los factores son muchos. Primeramente quiero aclarar que casi el 100% de los adictos al consumo de drogas comenzaron con el alcohol. El círculo familiar es determinante. Aunque no sucede en todos los casos, las probabilidades de desarrollar alcoholismo viviendo en una familia donde exista violencia física o sexual y consumo desmedido de alcohol son considerablemente altas. Hay casos en que algunas personas, ante situaciones estresantes o dramáticas no saben encontrar los recursos adecuados o el apoyo emocional necesario para vencer los contratiempos, y comienzan a consumir alcohol para “aliviar las penas”.
“No olvidemos también el factor social. En nuestros países no hay regulaciones fuertes para evitar el consumo a edades tempranas. Algunos de los participantes nos han contado que sus padres los enviaban a comprar sus bebidas alcohólicas y que ellos algunas veces consumían pequeñas cantidades, que luego lo sustituían por agua en el camino a casa. En nuestras sociedades, emborracharse no es tan mal visto como aquí, nosotros hasta nos reímos y hacemos bromas a los que están pasados de tragos. Nosotros somos propensos a considerar el consumo de alcohol a edades tempranas como muestra de hombría. Sin embargo, es muy paradójico debido a que el alcohol provoca que el cuerpo produzca estrógeno, que es una hormona femenina. Esto explica que bajo los efectos del alcohol, algunos hombres heterosexuales mantengan o toleren relaciones homosexuales”.
“Por ultimo, está el factor genético. Aunque los estudios son recientes, hay suficiente evidencias como para considerar que hay información genética en nuestro organismo que provoca predisposición al alto consumo de alcohol”.
Nos contaba lo difícil que fue en los comienzos encontrar personas dispuestas a tratarse en el programa. Los alcohólicos tienden a negar o enmascarar su adicción pero, ¿cómo podría distinguirse un bebedor social de un alcohólico?
“Hay creencia generalizada de que el alcohólico es alguien que toma todos los días o al menos frecuentemente. Una persona puede que tome una o dos veces al año y sea alcohólico.
El control sobre el consumo es lo importante. Cometer actos descontrolados de violencia o altruismo de los que alguien sería incapaz en estado de sobriedad es una señal de alcoholismo. Los llamados “blackouts” o las pérdidas de conocimiento es otra muy importante. Siempre recuerden que nunca un alcohólico va a reconocer que tiene este problema, entonces es importante que los que le rodean estén alertas a estas señales”.
_¿Qué papel desempeña la familia de un alcohólico?
“Las familias de los alcohólicos desarrollan una co-dependencia de la que muchas veces no son consientes.”
Cada miembro asume un papel distinto, y la dinámica familiar termina distorsionada. Hay quienes compran bebida con la intención de que el alcohólico “solo beba en casa”. Otros asumen el papel protector, y son los encargados de llamar al trabajo y dar justificaciones o ayudar a desenredar cualquier problema provocado por el alcohólico. Algunos niños tienden a esforzarse tremendamente en la escuela o los deportes para acaparar la atención, y así tratar de minimizar los efectos negativos del alcohólico en la familia; y otros hacen precisamente lo contrario, se convierten en foco de atención por desatender sus tareas y desobedecer las reglas. Está comprobado, que la mayoría de las hijas de alcohólicos terminan casadas con hombres alcohólicos, pues su dependencia para cuidar de alguien con esta enfermedad se alberga profundamente en el subconsciente de ellas. Por todas estas razones, nuestro tratamiento en FLOAT es multifamiliar. Nosotros no solo tratamos al alcohólico; toda la familia tiene que integrarse.
Arturo C. sabe exactamente cuándo comenzó su alcoholismo. Llegó a Oregon proveniente de su natal Acapulco en 1989. Creció en una familia tranquila y armónica, pero la soledad del exilio le jugó una mala pasada cuando supo de la muerte de su madre.
“Estaba muy triste. Comencé a tomar cervezas en mi carro y tocar la música que a ella le gustaba lo más alto que podía. Con el alcohol, comencé a tratar de olvidar el dolor tan grande de la pérdida. Sin darme cuenta comencé a perder el control y llegó el momento que ni agua consumía…pura cerveza”.
Arturo percibió varias llamadas de alerta, pero las ignoró todas. Un fin de semana luego de dos días consumiendo alcohol, decidió comprar un carro con $2,500.00 dólares que tenía ahorrados. “Era un carro lindo…un Ford Lincoln con amortiguadores de gas”, nos cuenta este Acapulqueño de mirada firme y hablar sereno. “El sábado en la tarde rumbo a Forest Grove, pasé el semáforo frente al cementerio completamente dormido. Los zarandeos al pasar la pendiente me despertaron. Estaba aterrorizado, pero no me bastó. Esa noche en una de las carreteras que conducen a la autopista 26, perdí el control en una curva. Solo recuerdo las ráfagas de luna llena que entraban por mi ventanilla cada vez que el carro daba una voltereta…fueron cuatro en total”.
Perder el carro el mismo día que lo había comprado tampoco fue suficiente. Arturo siguió consumiendo alcohol sin medir consecuencias. Hoy, luego de más de diez años participando en el programa de Alcohólicos Anónimos, ha decidido hacer esta escalofriante revelación. “Una de las últimas veces que tomé, amanecí con una enorme resaca. Fue extraño pues solo había tomado unas cervezas, pero la resaca era brutal. No fui a trabajar y mi esposa me dejó con nuestro hijo de solo un año. Estaba tremendamente irritable y el niño lloraba. El solo se fue al refrigerador y sacó cosas de comer…lo que encontró. Imaginen un niño de solo un año. Cuando lo descubrí, no aguante mi cólera y le pegué violentamente…lloraba desconsoladamente y más yo le pegaba. Fue un acto de necedad e injusticia que hasta el día de hoy me duele. Cuento estas cosas aquí, para que otros tomen conciencia de lo peligroso que puede ser el alcoholismo desatendido. Yo pude haber matado lo que más quiero en este mundo y nadie me hubiera perdonado jamás. Solo espero a que mi hijo tenga la edad suficiente para contarle estas cosas, y así poder sentirme completamente sanado…hasta ese día viviré con esta pena en mi interior”.
Juan D. aprendió desde muy niño como huele el alcohol. Su papá dejaba de proveer lo necesario en la casa para alimentar su adicción. Son recuerdos muy tristes para este joven de solo treinta años que vive en Beaverton. Tristes y hasta traumáticos, de ahí su reserva cuando le preguntamos sobre esa época. “Soy el mayor de mis hermanos.
Crecimos en un barrio muy malo de Tacámbaro. Allí el que entraba por equivocación no salía bien parado…nosotros salíamos del barrio solo para robar y vender drogas. Un 24 de Diciembre cuando tenía solo catorce años, me dejaron solo para que cuidara la casa. Tomé dos cervezas y bastante de una botella que no recuerdo qué contenía.
Al día siguiente mi madre solo me aconsejo que si iba a tomar, mejor lo hiciera tranquilo en la casa. Pronto la cantidad y frecuencia de mis encuentros con el alcohol aumentaron. En menos de dos años comencé a reunirme con verdaderos delincuentes, gente del bajo mundo a los que les valía poco la vida de sus semejantes. Me gustaba cambiarme de lugar con frecuencia y me tocó ver cosas que no quisiera ni contar…puedo afirmar que estoy vivo de puro milagro”.
Juan arrastró su adicción a los Estados Unidos. Cansado de tanta marginación, incluida la familiar, optó por alejarse al exilio. “No sabes cuánto duele saber que tu propia familia te niega. Uno de mis hermanos me lo decía en mi cara…“Tú no eres mi hermano…das pena”. “Ahora los entiendo”.
“Aquí consumí droga y mis problemas se incrementaron”, nos comenta este joven circunspecto que denota en sus modales y hablar las huellas de la adicción. “Comencé a tener problemas de memoria y terribles pesadillas…las más horrendas que puedas imaginar”. “Una tarde recuerdo que tomé Las Páginas Amarillas, y comencé a buscar información de lugares donde pudiera encontrar ayuda, pero desistí. Tenía mucho miedo de contar a alguien lo de las pesadillas y que me fueran a encerrar”. “Afortunadamente un juez en la corte me ordenó asistir a Alcohólicos Anónimos, para evitar una sanción mayor por conducir embriagado. Creo que le debo mi vida. Entré en el programa con recelos y pocas esperanzas. Aquí aprendí a conocerme mejor y entender a los que me rodean. Yo tenía mucho resentimiento con mi padre por ser alcohólico. Lo culpaba por mi desgracia. Ahora yo conozco más de su pasado. Entiendo sus razones y me siento orgulloso de haber roto la cadena. Luego de más de diez años en el programa de Alcohólicos Anónimos, me considero un hombre muy afortunado. Burlé la muerte muchas veces y puse en peligro la vida de inocentes, pero hoy trato de ayudar a otros que resuelven decir ¡basta!”.
Ricardo Verdeguéz también llegó a Estados Unidos con problemas de adicción. A este joven cubano no le preocupa que usemos su apellido…todo lo contrario. Quiere que otros aprendan de su historia, pues sabe que hay muchos como él. Actualmente participa en el programa de Family Latino Outreach and Addictions Treatment (FLOAT), al que tiene mucho que agradecer.
“Aquí he aprendido a reconocer las causas de mi adicción. He logrado en el pasado levantarme y estar “limpio” por muchos años, pero siempre he recaído” relata Ricardo. “Yo lo he tenido todo. Compré casa, tuve dos hijos y buenos trabajos, en los que llegué a ganar hasta $80 mil dólares por año, pero siempre he terminado arruinándolo todo. Aquí he aprendido a conocerme a mí mismo, a saber amar lo que me rodean y a reconocer la causa de mis recaídas. Soy muy propenso a romper reglas. Comienzo de a poco, por pequeñeces casi insignificantes, pero inevitablemente escalo y llego a cosas mayores. Quisiera rehacer mi vida. Recuperar el amor de mis dos hijos y ser un hombre de bien”.
Si bien hay rastros de dolor en el rostro de este mulato cubano, sus ojos se iluminan cuando habla del futuro. Le pregunto sobre qué le diría a la madre de su hija, si algún día pudieran establecer contacto y recordar la conversación que la “gringa” trató de entablar en el avión. “Me gustaría que supiera que no solo hago la oración cuando reconozco flaquezas. Me gustaría que supiera que es la oración que hago cada día al abrir mis ojos”.
Recursos para personas o familias con problemas de alcohol o adicciones
Portland
*FLOAT (The Family Latino Outreach and Addiction Treatment).
503-546-9975 | 901 SE Oak St. Suite 101 • Portland, OR 97214.
*Oficina intergrupal Hispana de A.A. de Portland
503-257-0893 | 1509 SE 122nd Ave. Suite E • Portland, OR 97233
Aloha
Oficina intergrupal Hispana de A.A. de Aloha
503-848-0102 | 18926 SW Shaw St. Suite C • Beaverton, OR 97007
Woodburn
503-982-2028 | 449 “C” North Front • Woodburn, OR 97071
Salem
Oficina Intergrupal Hispana de A.A. de Salem
503-949-3796 | 155 Liberty St. NE #B29 • Salem, OR 97301
Wilsonville
Al-Anon Grupo Intergrupal Hispano
(Para los familiares de los alcoholicos o de los adictos)
503-916-9913
Agradecemos la colaboración para este artículo de Aglahia Blanco, consejera de Family Latino Outreach and Addictions Treatment (FLOAT). FLOAT es una organización con sede en Portland, que se dedica a tratar personas con adicciones.
Hola! a f.l.o.a.t. program saludos a todo el personal y dirigentes del PROGRAMA HISPANO les saluda Juan Manuel Aldama Estimada consejera Aglahia estamos muy orgullosos aca en TIJUANA B.C. MEXICO de saber que tienes logros positivos en tu carrera y todos mis compañeros de musica cristiana y yo estamos felices porque sinceramente ustedes hacen posible el sueño de cualquier ser humano que se encuentra en circunstancias de la vida atorados o confundidos o ya sea que esten siendo arrastrados por una ola de adiccion como en mi persona me sucedio ami, y vivi Y convivi muy cerca de ustedes, pues me siento muy agradecido y muy feliz por haber recibido la oportunidad que esta vida me ofrecio y de poder disfrutar de la felicidad y el apoyo que ustedes me brindaron en un momento dificil de mi vida, gracias a Dios y a USTEDES he logrado sobrevivir sobrio cada dia y hoy mi mente esta ocupada en otras cosas mas importantes y ya no pienso ni siquiera en querer consumir ninguna sustancia que le haga daño a mi vida y a mi cuerpo principalmente, Aglahia espero pronto ir a visitarlos y creanme que aca en Tijuana estamos y nos sentimos muy orgullosos de todos ustedes de ti y de Ramon y Celina y Carmen y de mi AMIGO Carlos Perez y de todos los que hacen posible este maravilloso y exitoso programa el F.L.O.A.T. pronto nos veremos por alla en portland oregon si Dios nos lo permite mando muchos abrazos y saludos a ti a Ramon a Celina y a todos por alla sinceramente desde TIJUANA BAJA CALIFORNIA NORTE MEXICO Honestamente un amigo a quien en verdad ustedes ayudaron hasta el fin. Sinceramente JUAN MANUEL ALDAMA
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